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El Caso Elizabeth Taylor

por Testigo protegido

Voy a perder la cabeza por tu amor
(“Puma” Rodríguez”)

Una semana sin verla. El sentía que no podía soportar la vida sin ella. La imaginaba con sus amigos, divirtiéndose, tal vez coqueteando con uno de ellos, y le dolía infinitamente
(Corín Tellado)

Don Augusto Sebastián estaba orgulloso del increíble parecido que, según su opinión, tenía la Filomena con la actriz Elizabeth Taylor; una poderosa razón para que él resolviera que la Filomena -despojándola de su nombre- asuma el cargo de “su muchacha”, “mina” o amante. Como corresponde a un “caballero delicado”, la muchacha era treinta años menor que él, le instaló casa, todas las comodidades necesarias y también todas las prohibiciones; incluidas el salir o mirar hacia la calle sin su autorización… verdugos de corazones juveniles.

Don Augusto Sebastián era agricultor; el fundo estaba manejado en un estándar de lo que en la época se entendió como “bien trabajado”, en un modelo de agricultura extensiva. En la agricultura chilena la propiedad estaba fuertemente concentrada, había miles y miles de hectáreas abandonadas. Es del caso recordar que la reacción gringa, frente al triunfo de la revolución cubana, fue aplicar un plan de contención para evitar contagios revolucionarios en América latina. Los yanquis pusieron en marcha la “Alianza para el Progreso”; la ayuda técnica y financiera a los gobiernos latinoamericanos estaba condicionada a que se implementaran reformas agrarias y tributarias. El gobierno de turno implementó, a través de la Caja de Colonización Agrícola, un programa de reforma agraria que transfirió tierras fiscales: personas con contactos políticos “premiun” accedían a parcelas, mientras los campesinos “beneficiarios” de contactos políticos débiles obtenían huertos. La izquierda bautizó esta acción como reforma agraria de macetero.
En paralelo la Iglesia “católica-apostólica-propietaria”, a través del Instituto de promoción agraria (INPROA), transfirió miles de hectáreas de su propiedad; muchas de ellas heredadas de fieles piadosos que, luego de una vida de explotar a sus inquilinos, tomaban con esta acción la esperanza de un seguro de eternidad plácido… la fe operando como compañía de seguros de almas.

La propiedad de don Augusto Sebastián tenía menos de ochenta hectáreas básicas, por lo que no calificaba para expropiación. El propietario, hacía una activa vida social y estaba en estado permanente de sospecha acerca de las fidelidades de la Taylor. Había armado un truculento sistema de chequeo para establecer si algún otro colega galán pudiera haber entrado, en sus ausencias, a su “nidito de amor” y rentar de sus inversiones. Cuando estaba con unas copas abundantes hacía rondas de chequeo, siempre sospechando de la encantadora Elizabeth Taylor. Esa inseguridad sin descanso de los hombres abrazados a las utopías mercantiles; de las que se escapan mediante pasatiempos: juegos de azar, alcohol, caballos, autos y siempre, muchachas (os); y no es que se trate de don Juanes con exceso de vitalidad, sino que buscan principalmente una ampliación de sus espacios para desplegar su instrumental de poder. Capaces de hacer dinero con el viento pero viviendo en inseguridades corrosivas.

Un día, cuando realizaba sus trabajos investigativos sobre posibles engaños; encontró anotado detrás del respaldo de la cama (un lugar que nadie en su sano juicio revisaría), un número telefónico escrito a mano…la caligrafía era sin duda la de la Elizabeth Taylor. Furioso pero pragmático, con astucia de investigador tranquilo/nervioso, logro establecer a quién pertenecía el clandestino numero de teléfono anotado en la pared. El personaje en cuestión era propietario de una casa en una población de la ciudad de los Ángeles, era un tipo joven y tenia fama de galán astuto. Su único consuelo era que sus celos y su plan de vigilancia estaban justificados: ¡No se puede confiar en la gente…puta de mierda; la mantengo y me caga!, vociferaba don Augusto Sebastián, victimizándose, como es la “ lógica adrenalínica” de los “dueños de fundos”. Ellos, solo ellos, tienen la exclusividad de lo noble y apasionado… las Taylor, solo sexualidad villanamente calculada y, además, le roban.
Pasaron varias semanas en que el propietario estaba “amotinado” en su fundo. Sus amigos, enterados del resultado catastrófico de sus investigaciones, no dudaban de que estaría urdiendo un plan para “lavar su honor macho” y perfeccionar el cautiverio “ a todo trapo” de su hembra.

Una noche, un amigo me llama por teléfono para contarme que el propietario se había metido en un absurdo y monumental lío. Ya le había pasado la mona y estaba completamente desesperado; desorientado; escondido.

Ese inolvidable día para Augusto Sebastián, en que los celos se mezclaron –por entupidos- con política; alrededor de las seis de la tarde y luego de un regado almuerzo, el copete refrescó al macho ofendido balanceándole la voluntad hacia la urgencia de la acción y puso manos a la obra. El plan elegido fue dirigirse a la casa del titular del número telefónico –anotado en la piel y la pared de la Taylor- para enfrentar al “que le comía la color”. Llegado a la casa constató que no habían moradores, quebró un vidrio, ingresó con habilidad y energía de hombre despechado, fue al dormitorio y disparó sobre la cama; retirándose triunfante por haber dejado una notificación clara y contundente con su arma Smith & Wesson de gran calibre…“la marca del dueño de fundo”. Volvió a reunirse con los amigos con quienes había estado almorzando (almuerzos con réplicas) y les contó su hazaña de notificador; uno de sus amigos le comento que el fulano en cuestión le arrendaba esa casa a unos estudiantes, de la sede de la Universidad de Concepción en Los Ángeles, que eran dirigentes del MIR. El triunfante propietario empezó a sentir pánico y el miedo desplazó a la euforia etílica que había avalado su faena gansteril; desarmado como muñeco de trapo (solo la billetera intacta) trataba de re-armarse para su nueva condición de “enemigo de clase y de la revolución”, con que los del MIR lo condecorarían si lograban identificarlo como autor de los disparos.

¿Quien le iba a creer que se trataba de lavar su honor macho y nada mas … que solo se había equivocado de casa?… ¿Como explicar que sabía ganar plata, pero era huevón investigando y frágil como galán? ¿ Quién creería que no tenía relación con patria y libertad?

Su mujer y sus hijos se pondrían furiosos al enterarse de su derroche de dinero para mantener a la Taylor y ahora, además, exponiéndolos “al que dirán ”. Optó en su delirio, por un gesto de confianza con el tipo que lo “cuerneaba”; si el maricón hubiese sido el ocupante de la casa, su notificación far west la habría tomado como parte de las reglas del juego entre machos y “cagaría pa´dentro”. Además, el huevón no era dueño de fundo… ¿como se iba a comparar con él? … pero ahora que estaban en medio los extremistas del MIR, el destino lo estaba cagando. Su obligación de macho era estar con el viagra de la época y las botas puestas. Por culpa de la Taylor, lo estaban metiendo en una huevada de “cabros” políticos que de seguro tomarían represalias.

Las pymes de prensa local pusieron los efectos especiales e informaron con más intuición comercial que interés político: “Atentado criminal y cobarde a casa de dirigentes del MIR por parte de Patria y Libertad”. El MIR, a través de sus equipos de seguridad, empadronó el sector y obtuvo datos del tipo de vehículo que se había estacionado frente a la casa y de las características del conductor. En un pueblo chico, con estos datos se logra la identificación plena y, en este caso, todo conducía al dueño de un fundo. Ser dueño de fundo (de 60 o 30.000 hectáreas) era automáticamente ser momio; ser momio quedaba cerca de ser Patria y Libertad y de allí, todos los efectos colaterales. Del mismo modo y a la inversa, ser militante o simpatizante de un partido de izquierda conducía automáticamente a ser extremista, enemigo de la patria y de todos los nuevos dioses. Vivida la cotidianeidad en esos términos, el MIR no podía sino decidir darle donde más le duela al “momio Patria y Libertad” que intentó asesinar a sus dirigentes. El propietario tenía que defender con sus dientes y muelas “sus bienes”. La sensibilidad y espiritualidad de estos personajes parece estar regulada por un dispositivo psicosomático especifico para utopistas mercantiles: el dinero, solo el dinero…solo el dinero (su dios sustituto). Por su parte el MIR local, había desplegado sus proclamas inspiradas en una de sus ideas fundacionales: “como militantes de un partido que es vanguardia de los oprimidos, establecemos como objetivo único y principal la toma del poder político”. El MIR local no tenia priorizado el trabajo campesino; su presencia más activa se daba al interior de la sede Universitaria y ya tenía bastante con los conflictos con el partido comunista.

El propietario estimaba que su permanencia en el fundo constituiría un riesgo, estaba cagado del susto; por huevón se lo “podía comer” la lucha de clases y perder el fundo, y todo por “comerse “ a la mal agradecida Elizabeth Taylor. Al MIR, le rentaba políticamente que la izquierda local supiera que sus propuestas herían al enemigo de clase de un modo tal que habían intentado asesinar a los lideres. Este hecho les actualizaba el título de ser la vanguardia en las luchas proletarias locales. Ser vanguardia era una obsesión estimulante, pues daba una titularidad para liderar esa especie -para ellos- de entidad mítica: los proletas “del campo y la ciudad”.

Desde aquello que parece imposible, se fue hilando una sucesión de equívocos socio/políticos sobre los cuales se diseñó un plan de acción de inusitada envergadura política y administrativa; detonado por el cruce entre la casualidad, las tareas políticas-partidarias y los afamados análisis de coyuntura de la época (una especie de horóscopo sociológico para guiar la vida de las gentes, equivalentes ahora a la pretensión de guiar la vida desde el comportamiento de las bolsas de valores financieros y/o los fenómenos macroeconómicos)… la casualidad como una extensión de lo absurdo. El propietario culparía al destino, a los miristas y al marxismo internacional, de sus incertidumbres como ciudadano/propietario. El MIR atribuiría a una correcta y lúcida dirección política los avances en la lucha…

Bacon nos advirtió en el año l579 que somos esclavos de nuestras necesidades y alguien, más tarde, sentenció que la vida es una comedia para los que piensan y una tragedia para los que la sienten.