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Su Nombre es Hoy

por Pilijardinera

‘Somos culpables de muchos errores y muchas faltas,
Pero nuestro peor crimen es abandonar a los niños,
Olvidando la fuente de vida.
Muchas de las cosas que necesitamos pueden esperar.
Los Niños no.
Justo ahora es el momento en que sus huesos se están formando,
Su sangre se está elaborando
Y sus sentidos siendo desarrollados.
A él no podemos responder “Mañana”.
Su nombre es “Hoy”.

(GABRIELA MISTRAL)

Cuatro a seis años es la edad de niños y niñas que asisten a los niveles de transición menor (pre kínder) y transición mayor (kínder) en diferentes jardines, escuelas y colegios del país. Son ellos y ellas quienes deben vivir situaciones de preescolarización temprana recibiendo –mayoritariamente- una formación parcializada, centrada en el rendimiento académico para afrontar la futura enseñanza básica, dejando de lado el aprendizaje y potenciando la competencia.Son niños y niñas que han sido privados del invaluable tiempo para jugar, imaginar, probar, ensuciar y ensuciarse; hacer cosas libremente de manera individual y colaborativa. Donde muchas veces se les sienta mirando una pantalla y haciéndoles repetir y dar respuestas a coro junto a sus compañeros y compañeras de curso; o bien – mas comúnmente- sentados frente a cuadernos y libros donde deben respetar estrictamente los márgenes al colorear las manzanas rojas y soles amarillos que se encuentran allí dibujados. También cuando deben seguir con un lápiz grafito los puntos que hacen aparecer un gusano, una figura geométrica, una letra o un número (cosas que han sido dibujadas por otro previamente) y -por sobre todo- tener el cuidado de no afectar la perfección del trazado o plegar el papel con algún movimiento accidental.

He visto en muchas ocasiones a niñas y niños quedarse inmóviles, esperando sentados con las manos sobre la mesa y sin usar entretenidos materiales dispuestos para ellos; como pinceles, témpera, plasticina, pegamento, lápices de cera y un sin fin de herramientas útiles para comunicar lo que sienten, conocen, saben y lo que no. Esperar sin cuestionamiento la orden –en el mejor de los casos alguna instrucción- de la educadora para comenzar a “trabajar”, siendo común escuchar a niños y niñas preguntar: “ Tía, ¿podemos empezar a…?” y entonces, cuando ella da la señal afirmativa, todos comienzan a trabajar bajo un mismo tema o modo. Desde ese momento se repiten las mismas imágenes; las que ocupan las mismas formas, colores y ubicación sobre del papel; unificando la expresión creativa e invisibilizando la singularidad de cada niño o niña.Sin querer generalizar situaciones como las descritas, pero sabiendo que ocurren en muchas ocasiones y lugares me pregunto ¿por qué sucede? ¿por qué a educadoras y educadores se nos olvida poner en práctica las estrategias educativas considerando los principios pedagógicos que las guían?. Si al planificar cada experiencia no olvidáramos orientarlas considerando que del grupo de niños y niñas ninguno ve, siente y aprende igual que otro; que los intereses de cada uno surgen de sus habilidades y de lo que necesita y que –por sobre todo- el juego es su vía natural de expresión y aprendizaje. Es necesario –como adultos- hacer memoria y recordar nuestras experiencias de la infancia: melodías y letras de canciones que cantábamos mientras saltábamos una cuerda, aplaudíamos o dábamos bote a una pelota….Recordar el lenguaje del cuerpo que jugaba con la palabra.

Imaginémonos jugando para así no olvidar lo que hicimos, sentimos, aprendimos y compartimos; quizás así respetemos el espacio y el tiempo que niños y niñas necesitan para ser presente… quizás así nos preocupemos de dar lugar para que sean niños y niñas hoy; en vez de pensarlos como adultos del mañana.

Texto:
Pilijardinera (Educadora)
agosto de 2018

Imágenes:
Párvulos dibujando una huerta imaginada
René Valenzuela (Artista visual)
2017