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Aún Tenemos Patria

por Jorge Valenzuela Cruz

Patria, patrimonio y patriarcado son conceptos que pertenecen a un mismo discurso hegemónico imbricados en todos los mitos fundacionales que en Latinoamérica sustentan los procesos de independencia de una colonialidad, que solo cambio nominalmente (y que se reproduce hasta nuestros días). Es así que los nacientes Estados nacionales, como una forma de validar una nueva élite, realizan entre sus primeras acciones la importación de artistas y arquitectos desde el mundo civilizado, para elaborar la representación del panteón patrio. Acciones que en definitiva instalarán en cada territorio y sus habitantes un repertorio simbólico que comienza a poner en circulación la supremacía del poder patriarcal, el cual se impone a través de operaciones estéticas inscritas en el incipiente espacio público a través del patrimonio. Operaciones nada inocentes, que han sido designadas por uno de los principales historiadores contemporáneos, Eric Hobsbawm, como parte fundamental de la “tradición inventada”; una estrategia política, que en definitiva inaugura el auge de la modernidad, y con esta el predominio del capitalismo.

De esta forma comienzan a inaugurarse en cada “ciudad capital” una serie de obras que desde el programa moderno eurocentrista van a procurar instruir a la población bajo el discurso de nación. Los museos constituyen aquellos primeros dispositivos espectaculares mediante los cuales se logra la inscripción de una liturgia que instalan en su centro el culto a la patria, esto mediante la exhibición de colecciones de reliquias pertenecientes a aquellos hombres avant garde que instalan la idea de una libertad supeditada al pensamiento ilustrado. El monumento será otro de los dispositivos de producción de la “tradición inventada”, al crear la escenificación del poder mediante la idealización de figuras que se elevan a la categoría de “padres de la patria” a través de su representación idealizada, esto desde un esquema de gestualidades que nos hablan de la valentía, del sacrificio y otras virtudes que debemos poseer en cuanto ciudadanos ejemplares; es así como desde este doble enclave simbólico subrepticiamente se instalan y reproduce a la vez el patriarcado, como la dominación exclusiva del genero masculino, y el patrimonio, entendido este en su definición más prosaica como el legado del padre. Un padre que define, a la vez que impone, su orden en sus dominios.

Esta misma estrategia estético-política será la implementada en Chile, en pleno siglo XX, por la dictadura militar, como una de las primeras acciones de transformación social, y que a la vez justifica, hasta la actualidad en los discursos del bloque derechista, la violencia aplicada sobre el cuerpo social en su conjunto. Una nueva independencia para restaurar el orden usurpado al patriotismo por el despliegue del marxismo leninismo internacional en territorio chileno. En este contexto de disrupción, el monumento recupera su lugar de privilegio en el espacio público como una forma de restaurar el orden civilizatorio. El discurso patriótico del régimen militar utiliza el mismo dispositivo bajo el simbolismo solapado tras la noción de patrimonio.

Así pues nos hallamos en la actualidad rodeados por un sinnúmero de monumentos, obligados a rendir culto cívico, sin plantearnos la posibilidad de poner en cuestión su legitimidad, su simbolismo o su legado, so pena de un sacrilegio antipatriótico. Pero lo que se esconde inocentemente tras este notable artilugio no es otra cosa que dispensar “violencia simbólica”, aquella que obliga a los sujetos a asumir el rol subalterno del ciudadano ejemplar, incluidos aquellos que por su tributo a tal hegemonía pasan a ser condecorados con la categoría del hijo ilustre.

Sin embargo, ante tal panorama, lo adecuado no será derribar tales estatuas, bustos, monolitos u otros altares donde retumba una memoria que nos obligan a tributar; más bien es hace necesaria disponer una reeducación cultural que permita abrir lecturas críticas sobre los significados que se instalan desde el poder en el espacio publico, que por definición nos pertenece a todos. No sin una profunda esperanza, es que llegará el día en que cada monumento dispondrá como un uso social traernos a la memoria toda la barbarie del poder desplegada en la era del capitalismo.

Texto:
Jorge Valenzuela C. (Arquitecto)
2018

Imágenes:
Monumentos a los Héroes Patrios
Edición Imágenes extraídas de Google Street View
2018