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El Amigo Piedra

por pura vanguardia

Carlos Díaz Loyola, nació en Licantén, Provincia de Curicó, el 17 de Octubre de 1894. Su infancia la vivió  en la zona  comprendida  entre pequeños pueblos del secano costero de la región del Maule como son Llico, Hualañé y Vichuquén.  En 1901 inició sus estudios en la Escuela Pública nº 3 de Talca y  al año siguiente, ingresó como interno en el Seminario Conciliar de San Pelayo, en la misma ciudad; lugar desde donde fue expulsado el año 1911, debido sus lecturas de autores como Voltaire y Rabelais, las que compartía frecuentemente con algunos compañeros que en ese entonces le llamaban “Amigo Piedra”; apodo desde el cual proviene el nombre literario que usaría posteriormente: Pablo de Rokha; nombre que además hace referencia al significado que en lengua indígena tiene el nombre de su pueblo natal: Licantén, “tierra de hombres de piedra”.

“¿Cómo te llamas? -le dice el burro González a la Calchona Parot (…). -¿Cómo lo llamamos? -y me señala riéndose a carcajadas. -El Amigo Piedra- le responde la Calchona. Uno, dos, cinco, quince, treinta se me vienen encima, me dan puntapiés (‘me agarran a patadas’, según el vocabulario de la amistad colegial), me lanzan una capa envolviéndome la cabeza y bofetada tras bofetada ruedo como perro. Cuando yo, cansado, ahogado, desesperado, me levanto y sudando reparto manotones, mordiscos, maldiciones, furioso y sangriento, la comparsa se ríe y dice: -Es tu bautismo, no te enojes. Es valiente. La Calchona agrega: -Es tu bautismo, no te enojes, son nuestras bromas- y dirigiéndose a todos los muchachos, palabra por palabra, añade:  El Amigo Piedra”. (Memorias de Pablo de Rokha)

Su vida se desarrolla en medio de la intensidad política, social y cultural que el mundo –y por cierto Chile- vivía a comienzos del siglo XX. Se radicó en Santiago, para posteriormente vivir en distintas ciudades del país y Latinoamérica, situación que va definiendo su personalidad y visión de mundo, lo que se encuentra fielmente reflejado en su obra, siempre abierta a acoger la modernidad emergente de su tiempo, impregnada de un marcado activismo político y  donde lo chileno se encarna profundamente; haciendo que se constituya  en una de las producciones poéticas más contestatarias y polémicas que emergieran a mediados del siglo XX.

Considerado uno de los cuatro grandes poetas de nuestro país, junto a Gabriela Mistral, Vicente Huidobro y Pablo Neruda, Pablo de Rokha recibe el Premio Nacional de Literatura el año 1965.   Su trayectoria comprende casi medio centenar de volúmenes, (en su mayoría autoediciones), como es el caso del libro “Los Gemidos”, escrito entre 1916 y 1922, año de su publicación y que, si bien fue ignorado por la crítica del momento, su ruptura radical con la poesía hispanoamericana anterior, lo inscribe de lleno en la vanguardia literaria no sólo latinoamericana.

 

SOY EL HOMBRE CASADO
Pablo de Rokha. 1926

Soy el hombre casado, soy el hombre casado que inventó el matrimonio;
varón antiguo y egregio, ceñido de catástrofes, lúgubre;
hace mil, mil años hace que no duermo cuidando los chiquillos y las estrellas desveladas;
por eso arrastro mis carnes peludas de sueño
encima del país gutural de las chimeneas de ópalo.

Dromedario, polvoroso dromedario,
gran animal andariego y amarillo de verdades crepusculares,
voy trotando con mi montura de amores tristes…

Alta y ancha rebota la vida tremenda
sobre mi enorme lomo de toro ;
el pájaro con tongo de lo cuotidiano se sonríe de mis guitarras tentaculares y absortas;
acostumbrado a criar hijos y cantos en la montaña,
degüello los sarcasmos del ave terrible con mis cuchillos inexistentes,
y continúo mis grandes estatuas de llanto;
los pueblos futuros aplauden la vieja chaqueta de verdugo de mis tonadas.

Comparo mi corazón al preceptor de la escuela del barrio,
y papiroteo en las tumbas usadas
la canción oscura de aquel que tiene deberes y obligaciones con lo infinito.

Además van, a orillas mías, los difuntos precipitados de ahora y sus andróginos en aceite ;
los domino con la mirada muerta de mi corbata,
y mi actitud continúa encendiendo las lámparas despavoridas.

Cuando los perros mojados del invierno aúllan, desde la otra vida,
y, desde la otra vida, gotean las aguas,
yo estoy comiendo charqui asado en carbones rumorosos,
los vinos maduros cantan en mis bodegas espirituales;
sueña la pequeña Winétt, acurrucada en su finura triste y herida,
ríen los niños y las brasas alabando la alegría del fuego,
y todos nos sentimos millonarios de felicidad, poderosos de felicidad,
contentas de la buena pobreza,
y tranquilos,
seguros de la buena pobreza y la buena tristeza que nos torna humildes y emancipados
…entonces, cuando los perros mojados del invierno aúllan, desde la otra vida…

“Bueno es que el hombre aguante, le digo”,
así le digo al esqueleto cuando se me anda quedando atrás, refunfuñando,
y le pego un puntapié en las costillas.

Frecuentemente voy a comprar avellanas o aceitunas al cementerio,
voy con todos los mocosos, bien alegre,
como un fabricante de enfermedades que se hiciese vendedor de rosas;
a veces encuentro a la muerte meando detrás de la esquina,
o a una estrella virgen con todos los pechos desnudos.

Mis dolores cuartelados
tienen un ardor tropical de orangutanes;

poeta del Occidente,
tengo los nervios mugrientos de fábricas y de máquinas,
las dactilógrafas de la actividad me desparraman la cara trizada de abatimiento,
y las ciudades enloquecieron mi tristeza
con la figura trepidante y estridente del automóvil:
civiles y municipales,
mis pantalones continúan la raya quebrada del siglo;
semejante a una inmensa oficina de notario,
poblada de aburrimiento,
la tinaja ciega de la voluntad llena de moscas.

Un muerto errante llora debajo de mis canciones deshabitadas.

Y un pájaro de pólvora
canta en mis manos tremendas y honorables, lo mismo que el permanganato,
la vieja tonada de la gallina de los huevos azules.

Texto: Pura Vanguardia
Poema: Soy el hombre casado, Pablo de Rokha / Publicado en el libro “U”, 1926
Imagen portada: recuperada de Memoria Chilena

Video:
“PABLO DE ROKHA. El AMIGO PIEDRA”
Documental dirigido por Diego Meza y coproducida por La Cresta Producciones y Deboom Studio
Marzo de 2010